Primera infancia empina sus sueños

“La primera vez que me invitaron al salón vi a Karole almorzando y me sorprendí muchísimo. En la casa siempre le doy la comida porque si no juega con ella y se tarda horas. Aquí se comportan muy diferente y saben cómo hacerlo todo, se sientan en la mesa, sujetan correctamente la cuchara, no mezclan los alimentos. Me parecía estar viendo a otra niña, es increíble cuán independientes pueden ser.”

Así nos cuenta Inés Adela, una madre del grupo de cuarto año de vida del Círculo Infantil Amiguitos del Minint, centro escogido en esta provincia para poner en práctica, el tercer perfeccionamiento educativo, que también experimentan otras seis instituciones escolares de todas las enseñanzas aquí.

“La educación en este nivel consta de la atención institucional y la no institucional, y ambas viven la transformación. En la modalidad institucional el experimento se aplica  a segundo y cuarto año de vida de este centro”, explica Yanara Campaña Mariné, jefa del departamento de Primera Infancia de la Dirección Provincial de Educación.

El propósito es enfocar los conocimientos de manera integral y mirar al infante en todos los momentos de la vida, ya sea en el círculo, en la casa o en la comunidad. “Anteriormente –agrega- se llamaba educación preescolar y ahora se denomina primera infancia, para no etiquetarla como una preparación previa a la escuela; cuando en realidad es una fase que posee por sí misma una importancia vital en la futura personalidad del niño”.

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Un servicio que consolida su experiencia

El desgaste es evidente, pero sonríe. Afuera hay un mundo que lo espera y eso de darse por vencido no figura en sus pensamientos. Permanece en la cama para recuperar las energías mientras reconoce en los rostros de quienes lo asisten, a su propia familia.

Su existencia depende –desde hace más de 15 años- de una máquina de hemodiálisis en la sala de Nefrología del hospital Ernesto Guevara de la Serna, y recibir amor resulta un bálsamo para el alma, y también para el cuerpo.

“El camino ha sido largo y lleno de adversidades, aún así me aferro a la vida. Soy hipertenso y parece que sin percibirlo me dio un paro renal. Al llegar aquí me tuvieron que conectar de inmediato al equipo.  Acababa de salir del servicio militar; tan solo tenía 21 años y ya tengo 49”, dice.

La insuficiencia renal crónica cambió de golpe los proyectos de Yoel, justo en la efervescencia de la juventud. Al recordar aquellos instantes, sus ojos reflejan dolor, sin embargo es fuerte y siente orgullo de sus logros. “Fue realmente difícil aceptar la realidad y la idea de estar “atado”  a la máquina, pero no hay otra opción y me tocó seguir adelante”, confiesa.

“Tiempo después recibí un trasplante y me duró solo dos años, ahora estoy en la lista. Tengo una familia muy bonita y en medio de todo este proceso mi esposa y yo concebimos a nuestra hija, que ya tiene 10 años y es mi mayor tesoro. Yo la llevo a la escuela y a veces la busco también, monto bicicleta y mis días transcurren de manera normal, siempre manteniendo la dieta y los cuidados que indica el médico.”

Muy cerca, Ramiro Gutiérrez, se encuentra conectado al riñón artificial, pues todavía no culmina la sesión de tratamiento. Hace cinco años se vio obligado a adaptar sus rutinas a la nueva condición de salud. Reside en el poblado rural Macagua 10 y tres veces a la semana se traslada hasta esta unidad.

“Desde los 15 años soy hipertenso y me detectaron el problema en grado dos, pero no hice caso a la doctora. Cuando regresé ya estaba en grado cinco y era inevitable realizar este proceder. Al inicio pensé que no iba a aguantar porque estaba en muy mal estado. Después todo mejoró y estoy aquí.

“Recibo una ayuda social y la familia siempre me acompaña. Recomiendo a los afectados que asuman el diagnóstico sin miedos, y a quienes hoy están sanos que cuiden ese órgano para evitar esta situación”. Es el consejo de un hombre que aprendió a vivir con la enfermedad, pero bien sabe los cambios que implica padecerla.

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Cáncer de piel: amenaza silenciosa

Aquel diagnóstico dio un vuelco a su vida. No olvida las palabras del especialista cuando le confirmó que padecía cáncer de piel. Al principio sobrevino la desesperación al saberse enferma con tantos sueños aún por cumplir.  “Pensé en mis hijos y en la nieta que viene en camino; no podía soportar la idea de no compartir sus días. La noticia fue realmente perturbadora; escuchaba las indicaciones del médico, pero mis pensamientos iban hacia otra dirección.”

Los síntomas aparecieron poco tiempo atrás; sin embargo, el daño en su epidermis ya acumulaba años.  “Un lunar que me acompañó desde siempre, un día comenzó a cambiar de aspecto. Primero no le di mucha importancia hasta que sentí dolor y picazón cada vez que me tocaba. Es ahí que decidí acudir a un dermatólogo y recibí el resultado”, dice.

“Tras unos análisis se determinó extirpar el lunar cancerígeno.  Por suerte la lesión no era de las más complicadas. Hoy recibo el adecuado seguimiento, además de cuidarme de los rayos solares”.

Esta mujer de 55 años de edad confiesa y lamenta no haber recurrido a protección alguna contra el inclemente sol veraniego. “Me gustaba dorar la piel cuando iba a  las playas y piscinas. Por lo general, lo único que llevaba puesto era traje de baño. Mis amigos de la escuela reconocían, al mirarme “despellejada”, cuan intensas habían sido mis vacaciones.

“Aquel disfrute juvenil se revirtió en una pesadilla; nunca escuché las advertencias porque pensé que no me sucedería a mí. Recomiendo a las personas que traten de permanecer a la sombra. Siempre recogemos el resultado de las malas elecciones, y el cáncer es la información que nunca quisiéramos recibir”.

Es el consejo de alguien que ha sufrido la enfermedad y todavía refleja el temor en el rostro. Ya no tiene manchas ni lunares “peligrosos”, pero no puede asegurar que se deshizo de las huellas. Lee el resto de esta entrada

Aparatos tecnológicos útiles, pero peligrosos

Oswel perdió el interés de practicar deportes con los niños del barrio. Los juguetes fueron a parar a la vieja caja en el cuarto del fondo; ni siquiera presta atención al carro rojo que lo hizo estallar de alegría en el último cumpleaños.  Solo tiene unos pocos amigos para compartir las hazañas de los videos juegos. Ya imitó a varios de estos personajes y diseñó estrategias de ataque para vencer a los contrincantes.

En las noches sueña con disparos y se le ve distraído en clases. Así trascurren sus días desde que la tía le obsequió aquel equipito porque “al fin y al cabo el pequeño necesita distracción”. Los progenitores no ven nada extraño en su comportamiento, al contrario, lo aplauden cada vez que avanza a un nuevo nivel; para ellos tiene una inteligencia superior. No por gusto varios expertos describen el fenómeno como el peligro de “niños enganchados y padres desconectados”.

A Yessica, una joven de 16 años, también le atraen los avances tecnológicos. Ella prefiere las redes sociales. Cada vez que encuentra la oportunidad se conecta desde el celular y ya ha alcanzado popularidad entre los chicos. Busca la mejor pose erótica para atraer comentarios que alimentan su ego.  Lee el resto de esta entrada

Dar vida con los sonidos

Sentada en la esquina del pequeño salón, Blanca Rueda espera su turno para entrar a consulta en el Centro de Audiología de esta ciudad. Permanece absorta en los pensamientos que la llevan a sus próximos proyectos, cuya materialización depende, en gran medida, del “aparatico para escuchar”.

“Tengo  73 años y mis problemas auditivos comenzaron hace 15 años. Soy educadora jubilada, pero no retirada y mi prótesis se rompió. Necesito la solución inmediata porque muy pronto asistiré a un evento en la Asociación de Pedagogos en el Comité Municipal de la CTC”.

Blanca reside en el municipio de Jesús Menéndez y se trasladó desde bien temprano junto a su esposo hacia esta institución médica, ubicada en la calle 13 de octubre, esquina Colón en la cabecera provincial  “Aquí el servicio es excelente –afirma- por eso recomiendo a quienes padecen este tipo de discapacidad buscar asistencia”.

El intercambio con estos pacientes, obviamente resulta un poco complicado, aún así, varios realizan el esfuerzo y responden las interrogantes. Para el señor Antonio Silva, un mundo sin poder oír o hacerlo de manera deficiente es muy difícil. “Yo trabajé muchos años con motores y salía de caza, creo que todo ese ruido me afectó. En este sitio me han tratado divinamente, el personal es maravilloso”.

Muchos criterios coinciden en resaltar la calidad de la atención. Ya de salida, Abel Cruz, residente en Amancio, manifiesta su alegría porque tras colocarle el equipo logra escuchar mejor. Su hija Deibi Cruz, comenta que los pacientes de los municipios reciben una prioridad para evitarles las demoras. “No tenemos quejas y me voy satisfecha por el avance de mi papá”. Lee el resto de esta entrada

Más allá del cáncer… late la vida

El mundo se le vino encima a Ramona Elena Díaz cuando supo el diagnóstico de la cistoscopia. Sola, con unos cuarenta años, y responsable del cuidado de la madre anciana, el demoledor cáncer volvía a arroparse en su cuerpo cansado y con la cicatriz que dejó una radical de mama. Mientras el especialista explicaba la necesidad de una intervención quirúrgica, una fatídica interrogante daba vueltas en su cabeza: ¿tendré fuerzas?

Al salir del hospital se sentó en un banco cercano y lloró durante un largo tiempo. La pesadilla empezaría de nuevo a atormentar sus días, pero debía luchar por ella y por su viejita. Secó las lágrimas, se levantó y comenzó a andar. Hoy forma parte de la extensa lista de tuneros que desafían esta terrible enfermedad.

Desde hace varios años los tumores malignos encabezan las causas de mortalidad en esta provincia. El recién concluido 2017 registra un alza en la cifra de fallecidos con respecto al calendario anterior, y un incremento del riesgo en personas mayores de 65 años, fundamentalmente del sexo masculino.

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La sonrisa que cura

Las Tunas.- El ambiente cobra alegría y de los rostros tristes brotan las sonrisas cada vez que irrumpen con sus trajes coloridos y extravagantes. Llevan puesta una nariz roja muy graciosa, sombreros y coletas. Son payasas que eligieron mostrar su arte en los centros asistenciales de esta ciudad como terapia para rehabilitar a los enfermos.

“Esta labor es completamente humana -dice Ariadna Cruz Pérez-. Nos hemos reunido porque queremos sacar el estrés de cada uno de los pacientes con larga estadía, estimularlos y hacerlos reír. Fuimos convocadas por un curso que llegó al sector de Salud“.

Desde el mes de febrero se conformó este elenco de payasas terapéuticas, que provienen de diferentes ramas: Psicología, Rehabilitación, Enfermería, instructor de arte y ama de casa.

“Visitamos el pediátrico Germán Milanés de la provincia de Granma. También nos hemos presentado en Vázquez, en el hospital psiquiátrico Clodomira Acosta Ferrals, en el hogar de ancianos y en el Centro Psicopedagógico de esta ciudad. Habitualmente estamos los miércoles en el pediátrico Mártires de Las Tunas”, comenta.

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Cuando habla el corazón

 ¿Cuál es la palabra que más te estremece? La respuesta brota sin titubeos, no de su garganta, sino desde ahí, donde palpita la existencia: “Madre”, me dice y hace una pausa como quien no necesita argumentar lo obvio. Pero yo quiero saber, y comienzo a indagar los porqués.

“Es lo más sagrado de mi vida y sin ella no puedo ser feliz. Siempre le he caído atrás, hasta cuando va para la casa de los vecinos. Mi gran deseo es tenerla conmigo”, afirma.

¿Dónde está? “Mi mamá se fue del país al igual que tía. Las dos me criaron y a mi papá lo conocí hace pocos años. Yo me quedé en un ranchito muy malo, que no tiene frente, cama, está vacío. Tía prometió comprarme una casita para estar cerquita de ella”.

¿Qué imaginas para el futuro? “Sueño que estoy al lado de mi hermano Cristian Alejandro y que la familia se ha vuelto a juntar. Pienso que somos felices y celebramos un cumpleaños. Me hacen mucha falta”.

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El PAMI en Las Tunas, al cierre del 2017, registró un índice de mortalidad infantil de 4,2 por cada mil nacidos vivos, con una defunción más que en el pasado 2016. El período inscribe cinco mil 919 nacimientos, con un ascenso poco significativo de la natalidad. Sin embargo, los resultados cualitativos fueron superiores, evidenciado en los avances de varios indicadores.

 

 

 

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Terapia Intensiva, donde vive la esperanza

Terapia Intensiva, donde vive la esperanza (+audios y video) 

 Yudith Martínez Salina es una de las tantas madres que este año agradecen el esfuerzo del personal de Terapia Intensiva del hospital pediátrico Mártires de Las Tunas. Su pequeño Evil de tan solo 9 meses sufrió una complicación respiratoria y le detectaron una malformación en ese sistema. A pesar del dolor y los terribles momentos vividos, ella percibe la dedicación de quienes allí lo han dado todo para salvar a su hijo.

“La atención es maravillosa, no tengo quejas. Lograron sacar a mi niño adelante después de varios días ventilado, y eso no tengo cómo pagarlo”, dice y el llanto arrebata sus palabras.

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