El amargo sabor de una noche

sidaA nadie con un ápice de sensatez se le ocurría saltar al fondo de un precipicio, ni mucho menos lanzarse del Doce Plantas por simple diversión; es muy difícil que luego de semejante acto suicida permanezca en el escenario para contarlo, seguramente esté a muchos metros bajo tierra o quizás en un hospital lleno de aparatos, dando un último adiós a la vida.

Si por el contrario, usted tuviese en frente una zanja de poca profundidad, no dudaría en pasarla, “aparentemente” el sacrificio sería mínimo y sin muchas complicaciones. Pero, ¿quién asegura que sus piernas no le fallen y termine con una lesión irreparable? La explicación es muy sencilla, los seres humanos, en su mayoría, no aprecian el peligro en los pequeños eventos o momentos de la vida.

Justamente la no percepción del riesgo, es la que conlleva a muchas personas a no protegerse en sus relaciones sexuales. Creemos que podemos cruzar una y otra vez la zanja sin tropiezo alguno, quizás otros se caigan, pero nosotros NO. Esa es, precisamente, la principal razón por la que se incrementan los números de contagios por VIH en Las Tunas.

Los promotores y el personal de salud en la provincia hacen su mayor esfuerzo por mitigar los efectos de esta epidemia y reducir su propagación como parte de las estrategias nacionales de prevención y control, en cumplimiento a la Declaración de Compromiso sobre el VIH aprobada por la Asamblea General de Naciones Unidas.

A pesar de la labor educativa, protagonizada por el Centro de prevención en la provincia y los oportunos consejos de la línea de apoyo, Tunaayuda, aún no existe una conciencia individual que frene la transmisión de esta infección.

Mientras no nos sensibilicemos con esta problemática, el empeño de una nación como la nuestra con tantas limitaciones económicas y tecnológicas, será infructuoso. La clave no está en compartir una hora reflexiva y escuchar atentos las historias de personas infectadas, sino interiorizar que podemos ser nosotros quiénes contemos la experiencia.

Impera entonces, la necesidad de analizar nuestra conducta sexual. ¿Me protejo en cada relación sexual? ¿existe la comunicación adecuada entre mi pareja y yo? ¿realmente soy consciente de que el sida me puede tocar?

Las respuestas pudieran incluirnos en la larga lista de personas incrédulas que se sienten ajenos a la posibilidad de adquirir el virus. Sin embargo, ¿se ha detenido a pensar que cualquiera de los infectados, antes de contraer el VIH, respondió igual que usted ante estas mismas interrogantes?

Rectificar a tiempo es de sabios, no permita que una noche de placer se convierta en una eterna amargura; comprenda de una vez y por todas, que el sida está en el umbral de nuestra puerta y con un solo descuido puede instalarse en casa y cambiar nuestras vidas para siempre.

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Publicado el abril 12, 2013 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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