Mi ciudad renace como ave fénix

Reynaldo López Peña

Foto: Reynaldo López Peña

El tiempo no extingue el fuego que hace 139 años convirtió a Las Tunas en una enorme hoguera. En cada septiembre, pareciera que el reloj se detiene para revivir la historia entre las llamas. El mismo escenario, donde los mambises iniciaron la quema de la cabecera provincial, se hace eco del sentir de los tuneros, quienes orgullosos de sus raíces reafirman la convicción de preferir una ciudad reducida a cenizas antes de entregarla al poder enemigo

La rememoración del hecho es ya una tradición del pueblo. Vicente García regresa junto a sus compañeros, a las calles tuneras para incinerar la ciudad luego de pronunciar su memorable frase: “Tunas con dolor en mi alma te prendo candela, pero prefiero verte quemada antes que esclava”. Las palabras del General constituyen una huella imborrable, que trascienden las fronteras de una época para convertirse en parte de nuestra identidad.

Y es que Las Tunas, es una localidad de tradición y rebeldía, que orgullosa relata una historia forjada a filo de machete y al calor de las llamas. Los tres incendios a los que fue sometida durante las guerras emancipadoras evidencian el espíritu de un todo un pueblo.

El primer incendio, protagonizado por Manuel de Quezada, ocurrió el 16 de agosto de 1869, diez meses después de iniciada la campaña. En aquel acaecimiento, ya no se presentaron los inexpertos que con vehemencia iniciaron la contienda, estos nuevos hombres eran ya “veteranos de la libertad”, como consta en la proclama emitida por Carlos M de Céspedes a los sitiadores tuneros.

A pesar de la osadía de los mambises, el general Quezada tuvo que ordenar la retirada, pues se corrió el rumor de la proximidad de refuerzos enemigos. Los españoles se adjudicaron el triunfo y bautizaron a la plaza con el nombre de “Victoria de Las Tunas”.  En esta acción se incineraron más de 100 casas y las bajas fueron numerosas.

Siete años más tarde, el 26 de septiembre de 1876, la ciudad ardía en llamas por segunda ocasión. Después de varias horas de fuerte combate, los peninsulares depusieron las armas.  Los insurrectos permanecieron  tres días en el recinto fortificado y le prendieron candela para evitar que cayera nuevamente en manos de la metrópoli. El general Vicente García inició el fuego por su propia casa, hasta convertir la plaza en una gigantesca antorcha.

La última quema acaeció entre los días del  28 al 30 de agosto de 1897 en el ataque y toma de Las Tunas, bajo el mando de Calixto García. Las tropas cubanas salieron airosas y ratificaron la decisión de defender su bandera hasta las últimas consecuencias. Las construcciones más representativas se redujeron a cenizas y el territorio en ruinas, precisó reedificarte sobre sus cimientos y renacer como ave fénix.

Hoy, el legado arquitectónico de Las Tunas, no figura entre los más valiosos del patrimonio nacional. Sin embargo, la sencillez de las construcciones, prácticamente  desprovistas de los vestigios coloniales,  no impide que los habitantes preserven sus raíces, su identidad y su historia.

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Publicado el septiembre 26, 2015 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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