El estrés una amenaza silenciosa

images2Claudia tenía sobradas razones para sentirse abrumada: el desafío de educar, sola, a dos hijos en edad escolar, la enfermedad de su abuela de más de 80 años, las presiones laborales, y las maniobras para llevar el sustento del hogar. En medio de aquel caos, no se detenía a pensar en sus propias necesidades; solo decía “esto no es vida, no aguanto más”.

Las presiones en su empleo le ponían -como diríamos en buen cubano- “la tapa al pomo”. Aquella mañana, después de todo el ajetreo matutino, llegó con el alma a cuestas y su jefe le pidió para el día siguiente un informe, que normalmente solicitaba el esfuerzo de casi una semana. Pero como no acostumbraba a decir no, aceptó el reto.

images 1Eran las 10 de la noche cuando comenzó a redactar la información y prácticamente abrazó el amanecer entre libros y papales manuscritos. Al verse así se dijo: “ahora sí me voy de vacaciones, esto es demasiado”. Sin embargo, ya en su centro y quizás con los pies menos en la tierra, aunque pensase que los tenía bien firmes, decidió dar algo más de sí y posponer el descanso.

Así transcurrieron algunos días; hasta que una tarde, percibió una erupción en la piel que le producía picazón y ardor. De nada valieron los antibióticos, cremas con cortisona y antihistamínicos; por el contrario las manifestaciones comenzaron a irradiarse en el rostro. Claudia había llegado al clímax de sus facultades; eran sin dudas, los estragos del estrés.

Y es que, esta enfermedad supone una grave amenaza para el bienestar psíquico y físico. Sus efectos se acumulan en silencio con el paso del tiempo y asoman sin previo aviso. Los entendidos en el tema consideran que la manera en que reaccionemos depende, en gran medida, de la cantidad y el tipo de tensiones que anteriormente hayamos soportado y de las características individuales.

No solo están expuestos quienes poseen una personalidad impaciente, competitiva, sino además las personas que manifiestan serenidad, sobre todo si se trata de una débil fachada. En cierto grado, todos sentimos constantemente el estrés; lo realmente importante es saber reaccionar ante él.

Así como las cuerdas de una guitarra han de estar tensas en su ajuste exacto -ni tan tirantes que puedan romperse ni tan flojas que no consigan emitir sonidos- ha de suceder con la tensión emocional. En exceso es nociva, pero el organismo requiere de la porción justa. Por ejemplo, al enfrentar un examen si se tiene la dosis precisa, el estudiante se mantiene motivado a estudiar más, pero una sobrecarga genera menos concentración en la materia.

¿Cómo mantenerlo en niveles controlables? Por supuesto que es más fácil manejarlo cuando es poco y no solo cuando estamos bajo presión; su control diario debe convertirse en una prioridad de nuestras vidas. Los especialistas sugieren llevar una dieta equilibrada, practicar ejercicios, dormir las horas necesarias, planificarse, resolver los conflictos de la manera inteligente, dedicar tiempo para sí mismo y compartir con la familia. No dude pedir ayuda y consejos de las personas más cercanas o profesionales en el asunto.

La clave está en asimilar que los desafíos son oportunidades y que una situación difícil, es un problema momentáneo, que por regla general viene acompañado del germen de la solución. Tal y como le ocurrió a Claudia -la protagonista de la historia- que después de asistir a varias consultas dermatológicas, finalmente salvó su piel cuando aprendió afrontar la tensión emocional.

 

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Publicado el enero 21, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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