Volver a empezar

indice Otra vez despertó rodeado de botellas vacías y ceniceros repletos de colillas. La euforia de la noche anterior había desaparecido y en su lugar afloraba un sentimiento de culpa que calaba lo más profundo de su alma. Nada parecía tener sentido.
Casi sin fuerzas logró incorporarse y un terrible dolor apaleó su espalda. Entonces –como si se tratase de una película en retrospectiva- vinieron a su mente los recuerdos de la fiesta: la llegada de los amigos, el dominó, el primer traguito para acompañar el momento, luego el siguiente sorbo hasta completar unas cinco botellas. El final de la juerga no logra recordarlo, ni la despedida de sus compinches y mucho menos cómo terminó en el piso de la sala.
La aflicción le oprime el pecho y vuelve a prometerse no beber más alcohol. Nunca ha aceptado la ayuda de otros, cree que puede controlar la situación. Sin embargo ya perdió la cuenta de las veces que intentó dejarlo, y también las recaídas.
Alcanza las fuerzas para ir a la cocina a prepararse un té, allí todo es un caos, comparable con su propia vida. No siempre fue así, tuvo una familia, trabajo, verdaderos amigos. A sus 50 y tantos años carga sobre sus hombros el peso de haberse autodestruido y arrastrar consigo a personas amadas. Como ráfaga llegan a su memoria aquellos días en los que era feliz junto a su esposa e hijos. Ahora solo le acompañan los amigotes de farras, esos que vienen y van como las mismas borracheras.
De repente siente de nuevo aquella sensación ardiente en la boca del estómago y la acidez que desde hace meses viene haciendo estragos en su cuerpo. Ya alguien le recomendó acudir al médico porque podía ser una gastritis o una úlcera a consecuencia de su estilo de vida desordenado; y como de costumbre hizo caso omiso.44
En medio del malestar físico y también espiritual resolvió recostarse un rato en su cuarto. Allí, rodeado de soledad, paredes mal pintadas, el desorden cotidiano y el olor a cigarrillos y a polvo, pensó en un mañana lejos del alcohol, una nueva oportunidad alejada de los vicios y las enfermedades. Abrazó en la distancia a sus hijos, se vio de vuelta en el trabajo y retomó por instantes las riendas de su existencia. Así estuvo un par de horas.
De vuelta a la realidad se reconoce incapaz de luchar solo contra su mayor enemigo: el alcohol. Después de cinco años sumergidos en un abismo por vez primera admitió así mismo que estaba enfermo; él era un alcohólico y necesitaba ayuda profesional. Posiblemente mañana vuelvan sus ganas de beber, tal vez logre contenerse o quizás no, lo cierto es que hoy dio un importante paso para cambiar el rumbo de su historia.

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Publicado el septiembre 10, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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