Para que el ruido no enferme la vida

images“Al derecho y al revés, a la una, a las dos y a las tres. Ah ah ah hasta que se seque el malecón” escandaliza Silvia al compás de una estruendosa música que hace tapar los oídos de sus vecinos y voltear la mirada de los transeúntes que pasan por allí. No es la primera vez. Acostumbra a compartir sin consideración alguna “su alegría” con todo el barrio y hace caso omiso a las constantes quejas.
Pedro, el señor de la esquina, tiene que “pegarse” al televisor para escuchar los programas. El bebé de Marcia, la joven de enfrente, no logra conciliar el sueño. Y qué decir de Fefa, una anciana con mil achaques, a la que a diario le arrebata su tranquilidad. La lista es larga, pero Silvia, no se detiene a pensar en el perjuicio que ocasiona al invadir el espacio ajeno. Lo lamentable no es que ella disfrute de sus artistas favoritos, sino que obligue a los demás a hacerlo y peor aún, que contamine el ambiente de ruido.
Por desgracia, este no es un caso aislado. Y preocupa aún más que para muchos penetrar el umbral de la puerta del vecino con una música a elevados decibeles, constituya un fenómeno normal sin repercusiones; incluso, para quienes son condenados. Pocos advierten que esa actitud irrespetuosa puede causar graves problemas de salud.
EL PRINCIPIO…
La naturaleza constituye una fuente inagotable de sonidos que varían en su intensidad; desde el trinar de un pájaro y el ladrido de un perro hasta el estruendo de un trueno o una erupción volcánica. Desde los tiempos más arcaicos, el hombre utilizó los recursos naturales –principalmente a partir de la revolución industrial- para mejorar su existencia e introdujo muchos ruidos que superan a los naturales en cuanto a fuentes generadoras y a la periodicidad con que se manifiestan.
Hipócrates, médico de la antigüedad, muchos siglos atrás, habló sobre la sordera caldereros, pues construían los calderos a golpe de mandarria. De manera que, su nocividad en el bienestar físico y psicológico es una preocupación de antaño y cada vez más creciente, dijo Luis Echevarría, especialista en Medicina del Trabajo.
Varios de los estudios actuales consideran el ruido como una modalidad agresiva de contaminación ambiental. Es definido como cualquier sonido molesto, indeseado, inoportuno o desagradable a los oídos del receptor. Así, lo que es melodía para una persona, puede significar un dolor de cabeza para otra. Sin embargo, sin importar la percepción personal, es evidente que la exposición a niveles altos afecta la calidad de vida.indice

UN ENEMIGO INVISIBLE
El ruido aparenta ser el más inofensivo de los agentes contaminantes y cuando se piensa en los daños, la mayoría lo asocia a las lesiones en la audición. Sin embargo el doctor Echavarría asegura que antes de afectar al oído comienza a causar estragos en el sistema nervioso central, generando trastornos del sueño, del carácter, irritabilidad, estrés, alteraciones nerviosas, entre otros.
“Científicamente está probado que genera problemas en el aparato cardiovascular –explica el especialista- y en particular de los vasos sanguíneos muy finos. Cuando recibimos impactos sonoros por encima de lo admisible se altera la frecuencia cardíaca e incrementa el riesgo de padecer hipertensión arterial y  afecciones cardiovasculares.”
Existen evidencias respecto a sus efectos en el proceso digestivo, el sistema renal y la piel. Igualmente puede provocar trastornos del aprendizaje, fallos de la visión, de la memoria, disminuir la motivación, afectar el rendimiento escolar y aumentar los errores y accidentes. En algunos casos, la salud del feto y del recién nacido queda afectada si la madre permaneció en un entorno excesivamente ruidoso durante el embarazo.
La sociedad moderna, sustentada en el empleo de la tecnología, fomenta el uso de dispositivos generadores de sonidos ensordecedores, y nuestros niños y jóvenes reciben su influencia cada vez a edades más tempranas.
Según el galeno, en el país se identificaron 19 actividades humanas que producen ruido. Entre ellas las asociadas con los procesos industriales y los generados por los bicitaxis y coches. En esta provincia la realidad no es diferente; cada vez son más los que exponen y son expuestos a los peligros acústicos.
Especialistas de varios organismos y empresas -como resultado de una iniciativa gubernamental- constituyeron el Grupo Provincial de Enfrentamiento a la Contaminación Sonora. Sin embargo, para exterminar esta epidemia social de nuestros barrios, es preciso la intervención ciudadana. La lucha debe empezar en cada casa con la educación desde las primeras edades y el llamado a la conciencia individual.
Empiece por desterrar la falta de sensibilidad, respeto y de consideración al prójimo; para que bajar el volumen de sus bocinas no se convierta en mera obligación, sino en una muestra de buena voluntad ante la necesidad de proteger su salud y la de los demás.

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Publicado el septiembre 15, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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