¡Basta ya!

imallgesOtra vez lo vio. Ya pasó una década y aquello que había decido enterrar en lo más recóndito de su memoria, regresó a golpear su presente. Bastó un cruce de esquina para sentir aquellas manos abofeteando su cara; ese fue el principio de una golpiza que la llevaría a una sala de hospital. Después de eso, decidió apartar a ese hombre de su vida; lleva consigo cicatrices por todo el cuerpo, y en el alma

No siempre fue así. Se conocieron en la escuela; fue amor a primera vista. Al principio él manifestaba celos, pero no pasaba de eso. A los dos años de relación comenzaron las amenazas y ahí llegó el primer puñetazo hasta convertirse en algo habitual. Seguido de cada agresión, venía el arrepentimiento, las lágrimas  y una luna de miel que pasado un tiempo se convertía en hiel. No fue hasta ese día, en el que casi pierde la vida, que decidió alejarse. Le costó hacerlo, pero con ayuda lo consiguió.

Su historia es quizás la de muchas féminas, con más o menos violencia. Algunas por temor deciden callar y esconder el maltrato dentro de las paredes de su hogar, otras se sienten culpables de la aptitud de su esposo, y algunas ni siquiera se percatan que están siendo agredidas psicológicamente.

LOS ROSTROS DE LA VIOLENCIA

Muchos han sido los contextos internacionales en los que se ha abogado por la mujer, sin embargo persiste la discriminación como una marca histórica que devine de la cultura patriarcal. Y es que las mujeres continúan siendo excluidas en muchas partes del mundo.

Si bien es cierto que en Cuba el atropello a las féminas no es un mal generalizado, ni alarmante como en los países de América Latina, no podemos permanecer de espaldas a esta realidad. Los rostros de la violencia son diversos, y a veces solo se asocian a las agresiones físicas, cuando existen otras manifestaciones como la sexual y la sicológica que pueden ser tan o más perjudiciales.

imagelLa humillación, el descredito, el acoso, la amenaza, el obligar a presenciar o participar en algún tipo de relación sexual y el frenar o impedir la superación profesional de la mujer son formas de agresión sicológica. Los abusos sexuales son otro de los signos más frecuentes de maltrato, incluso dentro de las relaciones de pareja; los esposos se creen con el derecho de poseer sexualmente a sus esposas, aun cuando ellas no están dispuestas o no lo desean; esto también es un delito, una violación.

Los efectos producidos son a largo plazo y constituyen siempre un atentado a la dignidad de los afectados, degrada la autoestima, la autonomía, autorrealización, autodeterminación, y trae consecuencias en la respuesta sexual, tales como la anorgasmia, difíciles de superar.

A las féminas les cuesta mucho esfuerzo cambiar el ciclo de la violencia. El proceso inicia con la acumulación de tensión, luego se exterioriza y materializa hasta el punto de llegar al asesinato. Por último llega la llamada luna de miel descrita por Leonore Walker, como una conducta de arrepentimiento del golpeador. El nuevo comportamiento amoroso del marido hace que ella permanezca en el matrimonio. Después del período de reconciliación el hombre vuelve a golpearla, lo que ocasiona que muchas pierdan el control y ataquen al conyugue.

UN PROBLEMA SOCIAL

Las Convenciones a favor de los niños y las mujeres han roto la línea divisoria entre lo público y lo privado en materia de violencia doméstica, convirtiendo la problemática en un asunto de derechos humanos, tindicuueal como se refiere en el libro “Nuevos perfiles del Derecho de Familia”. Esta visión permite al Estado intervenir, respetando la autonomía de la voluntad, en las circunstancias donde un individuo se encuentre en relación de desventaja o desigualdad.

En el aspecto jurídico, existe protección hacia los individuos que son sujetos de actos violentos, desde nuestro código de familia donde se establece las relaciones paternos filiales y fundamentado en la Constitución, donde consta que todos los ciudadanos gozan de iguales derechos en lo económico, político, cultural, social y familiar. Además en materia penal se contempla la discriminación por cualquier motivo, como un delito.

A pesar de las posibilidades que brinda la dirección del país, todavía existen mujeres que justifican a sus esposos y mantienen una relación de dependencia económica.

La población necesita asumir esta problemática como una cuestión social, donde todos los organismos estén implicados. En ocasiones no existe sensibilidad ante estos hechos y es necesario combatirlos para que no se perpetúen, ni se asuman como modelo a seguir.

En Las Tunas existen equipos multidiciplinarios en todas las áreas de salud, integrados por sicólogos, siquiatras, enfermeras, trabajadores sociales que están capacitados para tratar estos trastornos.

La Federación de Mujeres Cubanas (FMC) también aboga por la plena incorporación de las féminas a la sociedad. Existe como mecanismo de trabajo la casa de orientación a la mujer y a la familia, lugar ideal para la reflexión, pero es preciso que los afectados decidan buscar la ayuda.

Ninguna mujer está obligada a permanecer bajo la violencia. Depende de todas brindar un hogar seguro y feliz a los hijos e hijas, alejado del maltrato y la intimidación. Es tiempo de romper el silencio y sentar las bases -desde el hogar- para lograr un futuro sin violencia.

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Publicado el noviembre 25, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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