El privilegio de compartir con Fidel

15218392_1159139100866636_1440348025_nRostros sorprendidos, lágrimas, sentimientos encontrados, impotencia, desconcierto… y más. Fidel ha muerto. Nadie lo esperaba ni siquiera sus  enemigos. Se fue, así, en silencio, sin tiempo a las despedidas. Y ese adiós nunca existió, porque su partida no es el final de la vida, sino un paso a la inmortalidad. Ahora está aquí, multiplicado en miles de cubanos y hermanos de otras naciones.

Su personalidad despierta diversas lecturas. Y cada quien guarda un Fidel propio, independiente a esa figura artífice de cambios trascendentales que traspasó las fronteras de Cuba. Aquellos que compartieron con él, aunque solo fuera por breves instantes, hicieron realidad el sueño de muchos de los que anhelábamos abrazarlo.

Ese inmenso privilegio lo tuvo Lenia Caridad Romero Figueredo, especialista en  Medicina General Integral, durante la despedida del segundo grupo que cumpliría misión internacionalista en Venezuela en el año 2003. “Ya lo esperábamos, pero entró sin que nadie se percatara. De repente estaba frente a nosotros. Conversó por horas sobre nuestro trabajo y la responsabilidad de haber sido el grupo seleccionado para ayudar al pueblo venezolano. Nos llamó ejército de batas blancas.

Me besó y me puso la mano en la cabeza diciendo que esperaba lo mejor de nosotros. Su mano se sentía pesada. Yo le dije que se despreocupara, que no lo íbamos a defraudar. Fue una emoción indescriptible, siento mucho orgullo de haberlo conocido.”

15207806_115917ii0684196811_353602156_nPasaron 13 años de aquel encuentro. Lenia cumplió su compromiso con nuestro líder; su talento también lo puso al servicio de  los pacientes de Haití y actualmente brinda colaboración en Brasil. Allí recibió la triste noticia que marcó a todos los revolucionarios del mundo.

“Lo supe a las tres de la mañana,  por un correo que pasó mi coordinador. No pude conciliar el sueño, me levanté y llamé a mis compañeras. Lloramos la gran pérdida, aún estamos impactadas. Pienso en Fidel como el guía que nos inculcó valores y principios que hacen hoy de nosotros mejores personas y profesionales. Transformó la nación y puso la salud al servicio de los humildes; algunos de los logros son el bajo índice de mortalidad infantil y el aumento de la esperanza vida al nacer.”

Para Lenia, la mano de Fidel sobre su cabeza selló una responsabilidad de por vida. “Nada va a cambiar, ya no está entre nosotros físicamente, pero su legado vive en nuestros corazones. El accionar diario –acorde con su pensamiento- será la mayor prueba de fidelidad”.

Nuestro gigante invencible partió. Eso es un hecho, como también lo es que pasó a una dimensión superior; la eternidad. Y poco a poco su imagen se confunde  en el verde de este caimán, el azul de este cielo, el trinar de un pájaro, las aguas de los mares… Vuelve a la carga, esta vez desde el silencio, y no necesita un cuerpo ni una voz; porque sencillamente Fidel habita en nosotros, Fidel es Cuba, es América, es el mundo, es Revolución.

 

 

 

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Publicado el noviembre 28, 2016 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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