Archivos Mensuales: diciembre 2016

Una lumbre que no se apaga

tributo_fidelLlegan de muchas partes. Es una caravana de batas blancas. Son médicos, enfermeros, estomatólogos, licenciados… que abrazan una misma vocación, un mismo ideal. Es 3 de diciembre y encuentran en este, su día, la oportunidad de enaltecer una profesión que salva vidas. Esta vez, también vienen en “cuadro apretado”, pero el dolor empaña los ojos, entristece el alma; es inevitable. Falta la figura del líder, el hombre que hizo de la salud un derecho de todos.

A la par de la tristeza, también emana ese sentimiento de serle fiel a su legado. La salud pública es uno de los pilares principales de esa obra que soñó desde el Moncada, y materializó tras el triunfo revolucionario. En Las Tunas, como en todo el país, niños y adultos morían por enfermedades curables, no había programa de atención materno-infantil, del escolar, de los trabajadores.

Aquí solo existían 18 médicos en las zonas rurales y 53 en los barrios de la ciudad; de 24 enfermeros, solo ocho eran graduados. De manera similar ocurría con otras especialidades. La gran mayoría de los servicios médicos eran privados (clínicas y consultas particulares); las pocas unidades estatales carecían de las más mínimas condiciones de atención general a los ingresados.

Hoy, en esta provincia, los indicadores hablan por sí solos de los avances. Las instalaciones de servicio médico rural, de los policlínicos, hospitales, centros profilácticos y de tratamiento especializado prestan asistencia gratuita. Cada año se logran bajos índices de mortalidad infantil y la esperanza de vida al nacer es de 79 años.Las personas tienen acceso a  exámenes médicos periódicos, vacunación general y otras medidas preventivas. Se desarrollan  planes de divulgación sanitaria y muchos otros programas que exaltan este sistema social.

Fidel no solo habló de la calidad técnica, sino de la humana. “[…] como si fuera su hijo, como si fuera su hermano, como si fuera su esposa, como si fuera sus padres (…) Así, con ese principio, debe trabajar un trabajador de la salud, porque no es cualquier trabajo (…) no hay nada tan sensible al ser humano como las cuestiones que se refieren a la salud”.

Su preocupación constante por la formación y superación de la personal data desde los primeros años de la Revolución. En la inauguración del Complejo de Salud “Ernesto Che Guevara” expresó “… me imagino el futuro: un nuevo centro de formación de especialistas altamente calificados,  de nuevos médicos para satisfacer las necesidades de nuestro pueblo […]”. Sus palabras se hicieron realidad con la creación de facultades médicas en las localidades, devenidas hoy en universidades de Ciencias Médicas.

El anheloimages de convertir la salud en un bien de cada ciudadano fueron bases de su concepción solidaria e internacionalista. Actualmente los colaboradores tuneros presentan asistencia en más de 50 países.  “Ni una sola vez, a lo largo de su abnegada historia revolucionaria, nuestro pueblo dejó de ofrecer su ayuda médica solidaria (…) Nosotros demostraremos que hay respuesta a muchas de las tragedias del planeta.  Nosotros demostramos que el ser humano puede y debe ser mejor…”, expresó en la constitución del contingente Henry Revee.

Y porque preservar sus ideas también significa prolongar la vida, su ejército de batas blancas, aquí en Las Tunas, en Cuba y más allá, este 3 de diciembre Día de la Medicina Latinoamericana, sella un pacto de fidelidad. La lumbre que encendió ya nadie podrá apagarla,  la salud es y será un derecho del pueblo.

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Las Tunas abraza a Fidel

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“Papá grábalo todo” escuché entre la multitud, una hora antes de ver pasar el cortejo fúnebre con la cenizas de nuestro Fidel. Supe que era un niño de seis años, su mamá que también estaba a la espera, lo comentó a un señor: “está despierto desde la madrugada y exigió que pusiéramos el despertador, no quería perderse este momento.

Niños, jóvenes, ancianos se dieron cita desde muy temprano en las calles tuneras, convocados por el amor a su líder para abrazarlo en un último adiós. Por más de cuatro horas el pueblo esperó al Comandante, ni el sol ni el agotamiento físico mitigaron el ímpetu de tanta gente, esa necesidad de tenerlo cerca para despedirlo en su viaje a la eternidad.

Quienes vivimos este día, también hicimos historia. Y en la posteridad, los libros hablarán de las emociones, el dolor, las lágrimas, el silencio…Y quizás los pioneros del mañana logren conmoverse  entre versos, escritos, anécdotas. Pero esta sensación que estremece el pecho, la muchedumbre desbordante y las voces multiplicadas en un  ¡YO SOY FIDEL!; eso simplemente no se puede contar, hay que vivirlo, hay que sentirlo.

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Después de su paso, sobrevino un vacío, esa sensación de pérdida; lágrimas en los ojos, madres consolando a sus pequeños, ancianos llevados de las manos, una ciudad entristecida…

Hoy Las Tunas dice un hasta siempre a su Comandante invicto. Y quienes le amamos preferimos recordarlo así, con una sonrisa, en lo más alto del podio, eterno timonel de este barco.

Siamesas unidas por amor a Fidel

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Mayelín

“Yo no conocí al Comandante personalmente, pero le debo mucho a esta Revolución. Mi mamá llevaba dentro de su carnet de impedida y de identidad una foto de Fidel. Antes de fallecer –hace ya cinco años- se quitó el oxígeno y dijo: ¡Viva Fidel!”, recuerda  Mayelín Téllez Bruzón, siamesa nacida en Las Tunas.

Y no faltaban motivos a la señora Adelina para dedicar su último pensamiento al hombre, artífice del desarrollo de la Salud en Cuba. El 18 de diciembre de 1973, esta mujer dio a luz a unas siamesas, unidas por el abdomen. Días después, fueron intervenidas en el hospital Lenin de Holguín, por un equipo multidisciplinario encabezado por el doctor Rafael Vázquez.

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Mayelín y Maylín

Las niñas se convirtieron en las primeras sobrevivientes a una separación quirúrgica en Latinoamérica. El suceso, uno de los más trascendentes en la historia de la medicina cubana, se hizo realidad gracias al desarrollo de esta ciencia tras el triunfo revolucionario en enero de 1959.

“Nos conmovimos mucho con la muerte de nuestro líder y hablo también en nombre de mi hermana Maylín. Precisamente ayer conversé con el médico que nos operó en el Lenin, al que también le estamos agradecidas.”

A estas féminas se les ve caminar las calles de Las Tunas sanas y felices. Ambas son madres y si algo las une más allá de la sangre, del amor, es sin dudas, la gratitud infinita con Fidel. Ellas también son hijas de esta obra que se llama Revolución.

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El abrazo que impulsó a Lídice

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl llanto se traga de a poco su voz. La muerte de Fidel lacera; estruja, fragmenta el corazón. Mira al alrededor y descubre un auditorio enjugando lágrimas. Algo muy dentro, la impulsa a seguir; y lo consigue. Sus relatos traen de vuelta al líder; se siente allí, más vivo que nunca. Quienes la escuchan agradecen el gesto.

“Me hubiese gustado compartir este testimonio en otras circunstancias, hoy lo hago con orgullo, pero también con inmenso dolor”, expresa Lídice Leyva Marrero, funcionaria de Promoción y Educación para la Salud.

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“Tuve el privilegio de conocerlo en el 2003 antes de viajar a Venezuela para prestar colaboración médica. Se reunió con nosotros alrededor de tres horas; él se sentía orgulloso de su ejército de batas blancas.

Después en otro salón donde tuvimos la oportunidad de conversar con más cercanía y le dije: Comandante yo dejo a mi hija de cuatro años y eso me tiene muy deprimida, pero con un abrazo y un beso suyo estoy segura que podré enfrentarlo de otra manera. Fidel me cogió por el brazo y me dio un beso y un abrazo, que los llevaré por siempre.”, recuerda con emoción.

Y a Lídice, la suerte le acompaña. La oportunidad que tantos cubanos deseábamos, tocó dos veces a su puerta. Ella es, sencillamente, una mujer privilegiada. “La segunda vez que lo vi fue antes de partir hacia Pakistán. Yo iba bajando una escalinata junto a un grupo de profesionales de la salud, como soy pequeña mis pasos eran cortos y el guardaespaldas me empujaba. Él se percató y me dijo: venga para acá conmigo para que no la empujen más.”

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A la obra revolucionaria, echa a manos de Fidel, esta mujer debe algo más que su formación como médico, su vida. “Nací ocho años después del triunfo de 1959 en una familia humilde. Mi deuda va más allá de haberme hecho médico, llegué de mi misión en Venezuela con una enfermedad oncohematolológica, y el tratamiento de un mes vale 2000 dólares. En otro país me hubiese muerto porque no puedo pagarlo; sin embargo en Cuba es gratis. Estaré eternamente agradecida a esta Revolución y a nuestro líder.”