Hogar de Impedidos de Las Tunas: una casa de familia

 Llegan alegres y el ambiente se enciende, recobra vida. Unos continúan en la fila sin alterar el curso de su mundo interno, otros detienen el paso para regalar un beso o reflejan en el rostro la dicha de encontrarse en su casa grande.

Algo está por suceder y no lo saben con certeza, pero hay un aire diferente desde la mañana. Aguardan… y la espera se llena de flores y esperanzas.

De pronto escuchan una marcha nupcial que capta la atención de todos. Él entra de traje y corbata, y su orgullo lo comparte a montones. Ella atraviesa el umbral de la puerta poco después, deslumbrante con su vestido de blanco. Aplausos colmados de euforia recorren el salón. Celulares y cámaras graban el instante para la historia y entonces, el “sí quiero”, hace palpitar los corazones.

Las lágrimas brotan de los ojos de la novia. Es incapaz de contener la emoción y no solo por lo que representa sellar un pacto de amistad y cariño con René, sino porque su familia hoy hace realidad un gran sueño, esa familia a la que no la unen lazos de sangre, mas sí de amor. Anaily es su nombre, y vive en el Hogar de Impedidos de esta ciudad, desde hace ya treinta años.

“Cuando conocí a René me di cuenta de que me miraba. Le pregunté: ¿Tú estás enamorado de mí?, y me respondió: “, confiesa. Así empezó una bonita relación llena de sentimientos puros. Él dice que conoce el amor, es justo lo que siente en el pecho por su Anaily.

La vida de ambos no ha sido fácil, marcada por limitaciones físicas y mentales, pero el amor salva; y ellos son la prueba.

MIRAR MUY DENTRO

Dailén cumplió sus 15 años. Ella no pidió una gran celebración, ni el álbum de fotos con el que sueña cualquier quinceañera. Tampoco reclamó un viaje en lugar de esas fiestas que siempre dan motivo a las críticas. No le preocupa el maquillaje, el vestido ni los zapatos que lleva puesto, y mucho menos los obsequios.

Desde temprano, en la casa, todos organizan el festejo. Para ella es un día igual a otro en su existencia. Trae el rostro pintado y una cinta en el pelo que la hacen lucir diferente, pero no reacciona al cambio. Su apariencia es la de una niña de muy corta edad, pequeñita e indefensa.

Los amigos de siempre le cantan felicidades y una ligera sonrisa se dibuja en sus labios. Pareciera que en su interior prende una luz de entendimiento y agradece el gesto.

Dailén,  como tantos otros que viven en la institución, no conoce el cariño de sus progenitores, solo el afecto que emana de los trabajadores de este Hogar, quienes eligieron ser su familia.

MADRES DE CORAZÓN

Eloisa Gutiérrez Parra acumula 37 años en el Impedido. Su realidad es diferente; ella decidió estar allí y hacer la existencia más bonita y soportable a muchas personas con limitaciones.

“Empecé a trabajar con 22 años, primero como auxiliar y ahora de costurera. Coso sus ropitas como si fueran las de mis propias hijas. Los quiero a todos, especialmente a aquellos que permanecen en sus cunitas o en sillas de ruedas; no pueden valerse y demandan más atención. Son varios los nombres: Dailen, Ramoncitín, Milagrito, Yudisnel…”

La historia de esta mujer ha estado ligada al centro. A sus cuatro hijas les inculcó amar al prójimo sobre todo a los más indefensos, y dos de ellas estudiaron Enseñanza Especial. Y aunque sus ojos han visto mucho, nunca entenderá las razones de quienes abandonan a la suerte a sus pequeños.

“No hay sentimientos en esos padres que los dejan aquí y luego ni los visitan. Un niño enfermo merece más dedicación que uno sano”. Son las palabras de una de las tantas féminas que en ese lugar se sienten madres de corazón.

NUESTRA RAZÓN DE SER

El Centro Médico Psicopedagógico Hogar de Impedidos Calixto Sarduy acoge a 120 pacientes, 109 internos y 13 semi-internos diagnosticados con un retraso mental moderado, profundo o severo. Consta de salas para hembras, varones y niños postrados con seis cubículos cada una.

“Muchos nos llaman mamá y encuentran ese refugio maternal. Ellos son nuestra razón de ser”, dice Olinda Tamayo Pérez, directora de la entidad.

“No les falta la atención médica especializada. Aquellos que tienen condiciones de recibir el tratamiento psicopedagógico, asisten diariamente a las aulas. Por medio de la rehabilitación desarrollan habilidades.

“Tratamos de hacerles la vida más placentera. Los llevamos a la playa, al parque de diversiones, celebramos cumpleaños colectivos…”.

Actualmente ese recinto está inmerso en un proceso de revitalización; ya se remozó el área de la lavandería y proseguirán las acciones constructivas en la cocina.

Aquí viven infantes, jóvenes, adultos y ancianos; son parte de un mundo que a veces puede ser muy cruel. Chillan, ríen, aplauden, van de un lado para el otro, y sobre todo aman y necesitan sentirse amados. “Es triste verlos llorar porque quieren ver a sus madres, y no sabemos que decirles”, confiesa Olinda.

Ciertamente hay ausencias que duelen y espacios difíciles de llenar, pero vale la pena inventarse mil maneras de arrancarles la sonrisa. Y sí, algunos con un cálido beso, una caricia y otros desde el silencio o los gritos, agradecen a quienes hacen algo más que cumplir con un deber.

 

 

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Publicado el julio 3, 2017 en Uncategorized. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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