Archivos Mensuales: abril 2018

Primera infancia empina sus sueños

“La primera vez que me invitaron al salón vi a Karole almorzando y me sorprendí muchísimo. En la casa siempre le doy la comida porque si no juega con ella y se tarda horas. Aquí se comportan muy diferente y saben cómo hacerlo todo, se sientan en la mesa, sujetan correctamente la cuchara, no mezclan los alimentos. Me parecía estar viendo a otra niña, es increíble cuán independientes pueden ser.”

Así nos cuenta Inés Adela, una madre del grupo de cuarto año de vida del Círculo Infantil Amiguitos del Minint, centro escogido en esta provincia para poner en práctica, el tercer perfeccionamiento educativo, que también experimentan otras seis instituciones escolares de todas las enseñanzas aquí.

“La educación en este nivel consta de la atención institucional y la no institucional, y ambas viven la transformación. En la modalidad institucional el experimento se aplica  a segundo y cuarto año de vida de este centro”, explica Yanara Campaña Mariné, jefa del departamento de Primera Infancia de la Dirección Provincial de Educación.

El propósito es enfocar los conocimientos de manera integral y mirar al infante en todos los momentos de la vida, ya sea en el círculo, en la casa o en la comunidad. “Anteriormente –agrega- se llamaba educación preescolar y ahora se denomina primera infancia, para no etiquetarla como una preparación previa a la escuela; cuando en realidad es una fase que posee por sí misma una importancia vital en la futura personalidad del niño”.

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Un servicio que consolida su experiencia

El desgaste es evidente, pero sonríe. Afuera hay un mundo que lo espera y eso de darse por vencido no figura en sus pensamientos. Permanece en la cama para recuperar las energías mientras reconoce en los rostros de quienes lo asisten, a su propia familia.

Su existencia depende –desde hace más de 15 años- de una máquina de hemodiálisis en la sala de Nefrología del hospital Ernesto Guevara de la Serna, y recibir amor resulta un bálsamo para el alma, y también para el cuerpo.

“El camino ha sido largo y lleno de adversidades, aún así me aferro a la vida. Soy hipertenso y parece que sin percibirlo me dio un paro renal. Al llegar aquí me tuvieron que conectar de inmediato al equipo.  Acababa de salir del servicio militar; tan solo tenía 21 años y ya tengo 49”, dice.

La insuficiencia renal crónica cambió de golpe los proyectos de Yoel, justo en la efervescencia de la juventud. Al recordar aquellos instantes, sus ojos reflejan dolor, sin embargo es fuerte y siente orgullo de sus logros. “Fue realmente difícil aceptar la realidad y la idea de estar “atado”  a la máquina, pero no hay otra opción y me tocó seguir adelante”, confiesa.

“Tiempo después recibí un trasplante y me duró solo dos años, ahora estoy en la lista. Tengo una familia muy bonita y en medio de todo este proceso mi esposa y yo concebimos a nuestra hija, que ya tiene 10 años y es mi mayor tesoro. Yo la llevo a la escuela y a veces la busco también, monto bicicleta y mis días transcurren de manera normal, siempre manteniendo la dieta y los cuidados que indica el médico.”

Muy cerca, Ramiro Gutiérrez, se encuentra conectado al riñón artificial, pues todavía no culmina la sesión de tratamiento. Hace cinco años se vio obligado a adaptar sus rutinas a la nueva condición de salud. Reside en el poblado rural Macagua 10 y tres veces a la semana se traslada hasta esta unidad.

“Desde los 15 años soy hipertenso y me detectaron el problema en grado dos, pero no hice caso a la doctora. Cuando regresé ya estaba en grado cinco y era inevitable realizar este proceder. Al inicio pensé que no iba a aguantar porque estaba en muy mal estado. Después todo mejoró y estoy aquí.

“Recibo una ayuda social y la familia siempre me acompaña. Recomiendo a los afectados que asuman el diagnóstico sin miedos, y a quienes hoy están sanos que cuiden ese órgano para evitar esta situación”. Es el consejo de un hombre que aprendió a vivir con la enfermedad, pero bien sabe los cambios que implica padecerla.

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Cáncer de piel: amenaza silenciosa

Aquel diagnóstico dio un vuelco a su vida. No olvida las palabras del especialista cuando le confirmó que padecía cáncer de piel. Al principio sobrevino la desesperación al saberse enferma con tantos sueños aún por cumplir.  “Pensé en mis hijos y en la nieta que viene en camino; no podía soportar la idea de no compartir sus días. La noticia fue realmente perturbadora; escuchaba las indicaciones del médico, pero mis pensamientos iban hacia otra dirección.”

Los síntomas aparecieron poco tiempo atrás; sin embargo, el daño en su epidermis ya acumulaba años.  “Un lunar que me acompañó desde siempre, un día comenzó a cambiar de aspecto. Primero no le di mucha importancia hasta que sentí dolor y picazón cada vez que me tocaba. Es ahí que decidí acudir a un dermatólogo y recibí el resultado”, dice.

“Tras unos análisis se determinó extirpar el lunar cancerígeno.  Por suerte la lesión no era de las más complicadas. Hoy recibo el adecuado seguimiento, además de cuidarme de los rayos solares”.

Esta mujer de 55 años de edad confiesa y lamenta no haber recurrido a protección alguna contra el inclemente sol veraniego. “Me gustaba dorar la piel cuando iba a  las playas y piscinas. Por lo general, lo único que llevaba puesto era traje de baño. Mis amigos de la escuela reconocían, al mirarme “despellejada”, cuan intensas habían sido mis vacaciones.

“Aquel disfrute juvenil se revirtió en una pesadilla; nunca escuché las advertencias porque pensé que no me sucedería a mí. Recomiendo a las personas que traten de permanecer a la sombra. Siempre recogemos el resultado de las malas elecciones, y el cáncer es la información que nunca quisiéramos recibir”.

Es el consejo de alguien que ha sufrido la enfermedad y todavía refleja el temor en el rostro. Ya no tiene manchas ni lunares “peligrosos”, pero no puede asegurar que se deshizo de las huellas. Lee el resto de esta entrada

Aparatos tecnológicos útiles, pero peligrosos

Oswel perdió el interés de practicar deportes con los niños del barrio. Los juguetes fueron a parar a la vieja caja en el cuarto del fondo; ni siquiera presta atención al carro rojo que lo hizo estallar de alegría en el último cumpleaños.  Solo tiene unos pocos amigos para compartir las hazañas de los videos juegos. Ya imitó a varios de estos personajes y diseñó estrategias de ataque para vencer a los contrincantes.

En las noches sueña con disparos y se le ve distraído en clases. Así trascurren sus días desde que la tía le obsequió aquel equipito porque “al fin y al cabo el pequeño necesita distracción”. Los progenitores no ven nada extraño en su comportamiento, al contrario, lo aplauden cada vez que avanza a un nuevo nivel; para ellos tiene una inteligencia superior. No por gusto varios expertos describen el fenómeno como el peligro de “niños enganchados y padres desconectados”.

A Yessica, una joven de 16 años, también le atraen los avances tecnológicos. Ella prefiere las redes sociales. Cada vez que encuentra la oportunidad se conecta desde el celular y ya ha alcanzado popularidad entre los chicos. Busca la mejor pose erótica para atraer comentarios que alimentan su ego.  Lee el resto de esta entrada